Ariadna

Al terminar de hablar con ella sentí que algo faltaba, no era la misma sensación de hace tiempo, no era la misma emoción y ni siquiera quedó en mi un indicio de aquella sonrisa estúpida por haber escuchado su voz, aunque la plática fue normal, la charla fue como siempre había sido y creo que por esta misma razón el desconcierto.

No puedo evitar de recordar el como nació y como fue creciendo en mí, desde la primera vez que la ví entrando al salón de clases y me percate de su inocente y seductora sonrisa, pasando por su absoluta tristeza cuando Arturo la dejó o su absoluta indiferencia cuando se besó con Toledo en mi propia casa. Siempre tengo ese estúpido latido quejumbroso que se compadece de las injusticias, y que en este caso afloró cuando Arturo, un compañero cercano mio, dejó a Ariadna por que esta no cumplia sus espectativas sexuales, Ariadna lo amaba.

Así fue pues que me fui encariñando con ella, a tal grado que pensé amarle, le agradaba a sus padres, más que Arturo y creo que fue cuando su hermana me conoció que todo cambió. Su hermana es una de esas personas a las cuales denomino pendejas, cuando me saludó me juzgó de inmediato y después de ese día noté la lejanía y la frialdad del trato de Ariadna, así me sumergí en su estúpido juego en el cual ella dependía de mis halagos y yo dependía de... no sé, quizá un esperanza.

Pasó el tiempo y fue el amor que siempre quiza y que todos sabían que nunca se lograría (Feliz Navidad Mr. Brightside). Cierto día, el cual recuerdo perfectaente en cada detalle, el uniforme escolar perfectamente desareglado, el cielo claro y frío, subí las escaleras con Carlos y Daniel, y ellos se fueron con las enfermeras y Toledo se sentó a un lado mio. Noté su nerviosismo y le hice una broma acerca del exámen de Anatomía el cual habíamos tenido hace una hora. Habló entrecortado, con algo de miedo - Oye.. Es que lo que pasa...- Si allí lo comprendí todo, todos sabían perfectamente que Ariadna era mi amor platinico y que ella me había rechazado en innumerables ocasiones, esta era la primera vez en que Toledo me hablaba seriamente y a parte estaba nervioso, estabamos sentados frente a la entrada de la caftería y Ariadna salió, para mejorarle las cosas, suspiré por ella en tono sarcastico y el siguió. -Sí, de ella precisamente te quiero hablar... Es que... bueno, el viernes la dejé en su casa y pues... -Sí ya sé, son novios ahora ¿No?. - ¡Sí!, y pues bueno a ver que sale-. Me quedé serio, tan serio que sentí como se nublaba el cielo y con un tono estupidamente ingenuo llamó a Guadalupe, que bien sabía que me gustaba, y la sentó a mi lado. -Ven, ven Guadalupe, quiero que platiques con el- Y se alejó en seguida, yo con mi ser lleno de sarcasmo y coraje en el instante le dije, -Ah, no le hagas caso es un Estúpido que piensa que con traerte aquí por que me gustas cree que se me olvidará que el ahora anda con la mujer con la cual quiero estar.- Y ella sólo se rió.

Lo que más me enojaba era que yo le hacía bien, esto por todo lo que ella me decía, siempre le levanté el ánimo, siempre fuí una persona positiva con ella, y Toledo... Que no era mas que un niñito hijo de papi, estúpido, infiel y buen amigo, no se por que podía tener todo, fue allí cuando comprendí las palabras que leyera después del buen Bukowski "A las mujeres guapas siempre les gustan los mierdas". Como es de pensar antes de terminar el año terminaron, yo ya me había salido de la escuela, gracias a ella, gracias a el, gracias a mis malas calificaciones, gracias a mis innasitencias, gracias a los insultos al director.

Tiempo después le llamé un par de ocasiones, y ella me hablaba una vez al año, siempre que la invitaba a salir siempre se negaba... No había cambiado nada. La vida ordinaria de siempre, el novio extraño para mi que siempre tuvo, su madre trabajando su padre también, su risa rara y su emoción cuando hablaba de lo que me gustaba de ella "Tu siempre me haces sentir bien".

Al terminar de hablar con ella sentí que algo faltaba, no era la misma sensación de hace tiempo, no era la misma emoción y ni siquiera quedó en mi un indicio de aquella sonrisa estúpida por haber escuchado su voz, aunque la plática fue normal, la charla fue como siempre había sido y creo que por esta misma razón el desconcierto, comprender que en mi vida malhabida o bienaventurada había cambiado en mi forma de pensar en mi forma de querer las cosas y tener el retroceso al hablarle no me había dejado tan stisfecho, ella es la misma, y quizá siempre sea esa persona, aunque forme una familia o viva sola, siempre la misma regla, siempre la misma monotonía... Creo que ahora comprendo por fin que lo que sufrí fue realmente una estupidez

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