atashino koto suki to omoimashita

Glassing the Dinner

- ¿Te molesta?
- No, sigue
- Pues entonces quita esa cara
- Es que la melodía es muy triste... Pero es hermosa

Siempre ocurria después de la cena de los viernes, no había necesidad de ir a otro lugar, pero saliamos. Por lo general nos dirigiamos a alguna exposición, galería, concierto o bar nocturno a sabernos juntos. Las noches siempre estaban llenas de ese olor a piel de ella. Cada paso, cada palabra, cada sonrisa era un destello de alegría y lujuria que se acomulaba mas en nuestro entorno.

Largo caminar pasabamos del centro de la ciudad caminando hacia Reforma, pasabamos siempre al Cafe Wong-Ta por un expresso el cual nos acompañaba durante el trayecto. Abriamos el porton deschavetado, y subiamos las escaleras hacia el departamento.

Siempre aventabamos las cosas, nuestro deseo o flojera siempre podia mas que nuestro orden, quitarse los zapatos era casi un ritual al cual le seguia un juego, toques de manos y besos en los rincones. El sexo nunca fue tan bueno cobijados con el sonido de los respiros agitados, o mas perdurable que la luz infinita de la luna. Más de mil orgasmos en más de mil noches, y fuera una ciudad sin saber el terremoto que nacía después de media luna.

Terminar de hacer el amor, cigarros para los dos, platicas y risas de las cosas que no habiamos platicado, la sobre cama en su mas puro y amplio explendor; un par de mentas con prismas sabor cereza que de alguna forma te llenaban de un sueño placentero; el calor de dos cuerpos bajo las sabanas en verano y bajo edredones en invierno.

Cada madrugada La Suite No. 1 de Jhohann Sebastian Bach "Sarabande". Sacaba el cello del armario, se acomodaba en el banco enfrente de la cama y las primeras notas me despertaban con una tristeza perdurable en el alma.

Su rostro cubierto de esa cabellera peliroja rizada, su piel blanca desnuda llena de manchitas amarillas, su atención puesta en cada nota en su cuaderno pautado mental mientras los dedos ejecutan con dramatismo cada una de elllas... No puedes hacer mas que contemplar; no puedes hacer nada mas que enredarte en esa poesia sonora, ese extasis, ese llanto.

- ¿Te molesta?
- No, sigue
- ...

El banco lleva varias noches vacio, la melodía perdura como himno eterno del vacio de un cuarto; de una noche... De una vida

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