Post mortem

Recibí cinco dosis de esa plaqueta de azucar para librar la ansiedad. No dejaba de mirar el reloj cuando una Señora se me acerca y me da una ficha de color grisaceo y me llama la atención alegando que dichas plaquetas no deben de ser ingeridas dentro de la clínica. Guardo las plaquetas, cierro mi mente y me veo salir a la calle.

Hay cosas que uno no ve durante la vida, o sea, hay cosas que pasan y no percibimos ya que nos enfocamos en nuestra patética y efímera vida.

Mientras siete tipos mueven una escultura de cien kilos para destapar una coladera en una escuela federal; una prostituta grita espantosamente mientras su cliente, de unos sesenta y tantos años de edad, muere de una taquicardia múltiple en el último orgasmo de su vida; un pájaro cae estrepitosamente al suelo abriendose el craneo y así un viváz felino lo debore al instante; una perra carcelera se entera de que ha contraido el Sindrome de Inmunodeficiencia adquirida (VIH, o HIV para los anglosajones) y culpa anguistiada al director del penal; un torniquete del subterraneo esta siendo arreglado por un tecníco mientras sus esposa lo engaña con el Ministro de Cultura de la localidad en la cual viven; cinco asaltos alrededor de 100 metros en una colonia proletaria; un martillo es devuelto al supermercado por su baja calidad; todo eso y mas, mientras doblas a esquina pensando en la salvación como algo real y no percibiendo que la realidad que quieres alcanzar no es mas que una historia comercial que los medios te meten para dejarte ese colchon de asombrosa "realidad-ficticia" y asi evitar suicidios o revueltas anti gubernamentales, sistemas de mediatización.

Pasas el siga peatonal y hombrecito verde dando zancadas en la señal de tráfico me parece una buena descripción para todo "no vamos a ninguna parte". Me quedo estático sobre el paso peatonal, y huelo la sopecha que despierta a los autos esperando luz verde. Saco las plaquetas y las tiro al piso, recargo el revolver y me doy un tiro en la sien.

6am de la mañana, un sueño extraño, amanezco cada día mas cansado, una resaca por algun vino tinto rancio y veinte plaquetas de azucar mas en el lavabo... Un tiro en la sien... ¿o seguir viviendo?... El suicidio se convierte en la mesura de la existencia, quizá el suicida sea su propio dios, y llegue a perdonarse. Sólo aquí es cuando puedes valorar tu vida, una bala intensionalmente en la sien o el retrogada acto de sacrificio social... la planta sigue creciendo en la regadera del baño... quizá este esperando mi muerte, o el regocijo impertinente del morbo.

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