Parasitos o la oda a los limosneros mártires

Pagas el boleto del metro, caminas hacia los torniquetes, metes el boletito en la ranura de acceso "click", el torniquete gira hasta el punto de bloqueo, caminas hacia los andenes, llega el metro, abordas el vagón y esperas tu destino.

Parece normal, cualquier día, cualquier recorrido en metro, sin embargo salvo algunos casos extraordinarios, los vendedores y los martires que diariamente invaden a los miles de usuarios son dignos de ser considerados como iconos, por lo cual siempre he impulsado en la Linea 2 del metro que sea ahora llamada el Tower Records Indios Verdes - Universidad... Tienen todo y a los mejores precios, y no bastando eso, los vendedores de CD's (que cualquiertipo) cuantan con mochilas con bocinas o altavoces integradas, los vendedores de DVD's y VCD's cuantan, si señor, con pantallas para promocionar el material... El estreno en VCD antes de que salga en carteleras.

Bueno, me desvié un poco, no quiero hablar en este momento de los vendedores, sino de los mártires. Esos personajes que por lo general son jovenes de la calle que quieren un poco de dinero para drogarse, esos personajes de olor insoportable, sin camisa y ropa sucia, con un a playera en la mano llena de vidrios de botellas.

Buscan un espacio adecuado, acomodan la camisa con los vidrios, pronuncian una suplica de atención la cual no se entiende y sólo se comprenden palabras como "calle" "moneda" y "cuiden a sus hijos", de rrepente un salto y la espalda directamente en los vidrios, o el pecho o los pies... ¿Qué representa?

Bueno, hace unos 6 años cuando por primera vez vi esto la verdad me sentí un poco mal, venia pasando uno de mis intentos de suicidio habituales y estúpidos, y siendo masoquista de corazon y honra, al ver a un tipo haciendo esto me impresiono enormemente, recuerdo que al ver eso uno se sentia agredido, pero a la vez cautivado, no es el acto, es la desesperacion, esa acción de infligir, de depender, de gritar, de humillarse... No se que haya pasado, pero era un colmo, no bastando con tener vendedores de cumbias hasta Operas, no te esperabas al drogadicto que llegaba a hacerse daño y a parte cobrar por ello.

Pasa el tiempo y todo el asombro se pierde gracias a la costumbre, ahora te tocan al menos dos por recorrido, y hay nuevas suertes, saltos dobles, lagartijas cortantes, espaldas rasgasdas y demás. Todo de corrompe, aún así la impresión... la razón de amar... de aquí partimos

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