Solis Flora

Desde el principio todo había acabado, al menos cuando me dí cuenta que ella metía su corazón en el vaso de cloroformo siempre que me saludaba, o al ver como guardaba mis atenciones en la lata de conservas. No le pedía mucho, solo que me quisiera un trozo de lo que yo la apreciaba, pero desgraciadamente me dí cuenta de las cosas en un momento inadecuado, en el cual nada ni nadie estaba a mi lado, y cuando una mosca se paró en mi pudín y me mencionó en un tono burlón que ni ella misma, con su paladar indistinto, podía comer el postre que Ella había preparado.

Me incorpore poco a poco pensando en cada uno de los arrebatos y sonrisas que me había dejado, me sorprendí al ver que en ninguna pintura he dibujado una sonrisa, y que al parecer ninguna tiene colores cálidos, todo esta conformado en tonos grisáceos y desgastados, con un cierto olor a sal de mar, y la arena (que es el polvo) cubriendo los mares de lo que fue alguna vida.

Entré en la cocina, esperando encontrar un pastel de sentimientos en mi cumpleaños, pero estabas preparando un café, con la cafetera vieja y oxidada, la que puede cotaminar el agua pura del preparado, de espaldas de mi, y con tu mirada extraviada en el recipiente de la comida del perro, abrí el refrigerador tan solo para encontrar un consuelo de lo que se conserva en frío, y allí fue cuando vi las caricias, los besos, y dentro de un recipiente café que facilmente cabía en la palma de mi mano, el cual contenía el amor que nos había unido, profundo y al fondo en el congelador al lado de las verduras.

Me quedé un tiempo meditando lo que había visto, con un dolor en toda mi alma, puesto que nunca imaginé que en ese recipiente tan pequeño haya cabido todo el amor que por mi sentía, con que poco uno se conforma, y vacile un rato, no se si para preguntar el por que, o por que tenia miedo de abrirlo y darme cuanta que, o no había nada, o faltaba muy poco, y al voltear a verte, vi las flores en el piso.

Mi corazón ahora dejaba de latir, abatido en el suelo, sin ganas, ni entusiasmo, tan duro e inerte como se conserva en un congelador natural, busque un abrelatas, para abrir las latas de ánimo y amor casero para así avivarlo, pero mi corazón devoraba esas flores marchitas, marchitándose el también, y la hipocresía entraba por la puerta del recibidor y en forma de voz angelical me preguntaba <<¿Qué haces amor?>>, yo solo no sabia que hacer, y en un movimiento involuntario agarro mi corazón y lo arrojó a la basura para no dejar ninguna evidencia, abrí el congelador para meter al microondas el amor que ella había conservado en aquel recipiente, y así salvar la oxidación del dolor de mi pecho. Saque el cuadrito café, y no vi lo que había, lo aventé dentro del microondas, y le puse 3:07 minutos, y exactamente cuando se acabó, la figura ahora amorfa de lo que antes amaba entró y abrió el horno electrónico, y su semblante cambió, no se en que forma, pero bueno no fue, y empezó a llorar como una presa desbordada, como nunca antes la había visto llorar por alguien, tiró el contenedor y salió del cuarto de mi vida corriendo.

Con temor, tomé el recipiente y miré lo que tenía, no había amor, ni restos de él, para ser franco y refleccionandolo creo que nunca lo hubo, tan solo una foto vieja (más reluciente que nunca) de alguien (imagino) importante en su pasado, y detrás de él cientos de nombres desconocidos para mí, todos, excepto uno... el mío.

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